Mi boina negra
Mi boina es negra,
negra como el café,
negra como el carbón,
negra como un botón
de chaleco,
de los que se ponía mi abuelo
cuando fungía como policía
en las calles de algún barrio
de Sábana Grande.
Negra,
como la tinta china
de los potes de cristal,
de negra tinta,
con los que mi padre escribía
sus pensamientos, frases, inventos, locuras,
que mucho más que,
demencias, publicadas en sus días, como
Intrascendencias.
Negra,
como la mata de pelo
sobre la cabeza de mi abuela,
aquella que callaba por largas horas
y se mecía dormida en un sillón de madera.
Negra,
como las cuentas de los collares
de plástico de los años sesenta,
que se ponía mi madre cuando
todavía era aquella novia hippiosa
de mi padre.
Negra,
como las suelas de los zapatos
que se ponía mi hermano,
por las mañanas
para ir a la escuela
a son de regaños
por culpa de los números desdoblados
que marcaba el reloj.
Negra,
como las tumbas de mármol
donde duermen los restos
carcomidos por el tiempo,
de lo que una vez fueron
mis propios restos.
Negra,
como una copa
llena de vino tinto
mezclada de syrah, de malbec,
de merlot o cabernet sauvignon
que se me llega,
se me sube a la cabeza,
donde se posa
mi boina negra.
Y con ella sueño que soy
y soy que sueño
con palabras que vuelan,
palabras que cantan,
palabras que hablan,
palabras que dicen, que cuentan,
que esa boina,
quiere ser más que una simple boina,
ella quiere ser boina negra,
boina negra
de poeta.
negra como el café,
negra como el carbón,
negra como un botón
de chaleco,
de los que se ponía mi abuelo
cuando fungía como policía
en las calles de algún barrio
de Sábana Grande.
Negra,
como la tinta china
de los potes de cristal,
de negra tinta,
con los que mi padre escribía
sus pensamientos, frases, inventos, locuras,
que mucho más que,
demencias, publicadas en sus días, como
Intrascendencias.
Negra,
como la mata de pelo
sobre la cabeza de mi abuela,
aquella que callaba por largas horas
y se mecía dormida en un sillón de madera.
Negra,
como las cuentas de los collares
de plástico de los años sesenta,
que se ponía mi madre cuando
todavía era aquella novia hippiosa
de mi padre.
Negra,
como las suelas de los zapatos
que se ponía mi hermano,
por las mañanas
para ir a la escuela
a son de regaños
por culpa de los números desdoblados
que marcaba el reloj.
Negra,
como las tumbas de mármol
donde duermen los restos
carcomidos por el tiempo,
de lo que una vez fueron
mis propios restos.
Negra,
como una copa
llena de vino tinto
mezclada de syrah, de malbec,
de merlot o cabernet sauvignon
que se me llega,
se me sube a la cabeza,
donde se posa
mi boina negra.
Y con ella sueño que soy
y soy que sueño
con palabras que vuelan,
palabras que cantan,
palabras que hablan,
palabras que dicen, que cuentan,
que esa boina,
quiere ser más que una simple boina,
ella quiere ser boina negra,
boina negra
de poeta.
